La piel sensible es una
condición que posee un gran porcentaje de personas, está caracterizada por el
color rojizo, dilatación de los vasos capilares sanguíneos, en algunos casos
picazón, descamación y tirantez.
Este fenómeno se produce en ambos sexos y en todo tipo de pieles: secas, grasas, jóvenes o maduras,
aunque las que más lo padecen son las secas; sin embargo en mi consulta
encuentro muchas mujeres adultas que han tenido piel grasa que por el tipo de
productos que han usado para controlar el sebo, poco a poco han eliminado la
capa protectora de la piel y actualmente sufren de sensibilidad, irritaciones y
enrojecimiento.
¿Cómo sabemos que tendemos a la piel sensible? Porque reacciona exageradamente a los factores externos: radiaciones, cambios
de temperatura, aire acondicionado, contaminación, perfumes, aguas calizas, sal
de mar, cosméticos, etc. Eso sin olvidar que también reacciona a cualquier
desequilibrio hormonal como menopausia, andropausia, embarazo, estrés, etc.
Las pieles sensibles necesitan reforzar su barrera lipídica para poder resistir mejor cualquiera de las
agresiones que nombré antes, pero ¿cómo se logra esto? Utilizando productos que
contengan ceramidas que son lípidos naturales similares a los de la piel,
ácidos grasos y colesterol. Lo ideal es que si presentas este tipo de piel
dependiendo de tu edad y las combinaciones propias (seca, grasa, pigmentada o madura), busques un consejo
profesional, ya que es mejor prevenir que lamentar. Un producto cosmético mal
usado se convierte en un verdadero veneno para la piel. Por lo tanto, te
aconsejo lo siguiente:
Usa cosméticos faciales con componentes sencillos, carentes de
conservantes artificiales, colorantes o perfumes. Da preferencia a productos con extractos vegetales, algas y
esencias naturales antialérgicas como la malva, el lino, el saúco, la violeta,
y especialmente la manzanilla, rica en azuleno, con efectos desinflamatorios,
calmantes y descongestivos. Aplícate siempre una crema protectora para
mantenerla hidratada y fotoprotector. Evita el tabaco, el alcohol y los alimentos
que contengan picante.
Utiliza leches limpiadoras suaves
en vez de jabón o sustitutos del mismo. Evita los cambios de temperatura. Limpia
siempre la cara antes de dormir y visita con frecuencia algún esteticista
facial o centro de belleza donde realicen tratamientos especiales para este
tipo de piel, asegúrate de su cualificación y profesionalidad, ya que por su
complejidad tu piel requiere de personalización y adaptación a tus
combinaciones específicas.
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